El día antes del matrimonio siempre tiene algo especial. Es una mezcla de emoción, nervios y detalles que todavía se están resolviendo. Ese día, justo a las siete de la tarde, saqué a Andre y Pato del lugar donde al día siguiente celebrarían su matrimonio. Necesitaban aire. Necesitaban silencio. Necesitaban un momento solo para ellos.
Manejamos hacia un lugar que había descubierto casi por accidente: un rincón del Salar de Cahuil donde un cartel simple decía “Zona de Calma”. Y no podría haber sido más preciso.
Una preboda en el Salar de Cahuil al atardecer
La luz comenzaba a caer rápido. El sol bajaba sobre el salar y el cielo empezaba a teñirse de tonos suaves. Sabíamos que teníamos pocos minutos. Y esa urgencia hizo que todo se sintiera más intenso.
Una preboda en el Salar de Cahuil tiene algo muy particular. El paisaje es amplio, abierto, casi infinito. No hay distracciones. Solo tierra blanca, horizonte y viento. Es un lugar que obliga a bajar el ritmo.
Andre y Pato llegaron con la energía propia de quienes están a punto de vivir un gran día. Poco a poco el entorno empezó a hacer su trabajo. Se tomaron de la mano. Caminaron sin hablar demasiado. Se miraron distinto.
A veces, antes del matrimonio, las parejas están tan enfocadas en que todo resulte bien, que olvidan detenerse y simplemente sentir. Esa sesión fue exactamente eso: una pausa necesaria.
Un momento íntimo antes del matrimonio
Aunque yo estaba ahí con mi cámara, el momento no era para mí. Era de ellos. Mi trabajo era observar sin interrumpir.
Hubo un instante en que se quedaron quietos frente al horizonte. El viento movía el vestido de Andre y Pato la abrazó por la espalda. No estaban posando. Estaban respirando juntos.
Eso es lo que más me gusta de hacer una preboda en el Salar de Cahuil el día antes del matrimonio. No es solo una sesión bonita. Es una forma de reconectar antes de que el ritmo del gran día los envuelva por completo.
El salar tiene algo simbólico. La sal, el silencio, la inmensidad. Es un paisaje que limpia la mente y deja espacio para lo esencial.
Cuando el tiempo es breve pero suficiente
Estuvimos poco tiempo. La luz se fue rápido. Pero no se necesitaba más.
Las imágenes que surgieron de esa preboda en el Salar de Cahuil hablan de calma, complicidad y una felicidad serena. No hay exageración en ellas. Hay verdad.
Cada pareja vive este momento de manera distinta. Algunas buscan algo más producido. Otras, como Andre y Pato, solo necesitan un espacio donde puedan ser ellos mismos antes de dar el siguiente paso.
Ese atardecer fue un pequeño paréntesis dentro de un fin de semana lleno de emoción. Un recuerdo silencioso que quedó grabado no solo en fotografías, sino en la forma en que se miraban después.
¿Por qué hacer una preboda antes del matrimonio?
Una sesión preboda no es obligatoria. Pero cuando se hace con intención, puede transformar la experiencia completa.
Permite bajar el nivel de estrés, generar confianza con la cámara, vivir un momento íntimo sin invitados y crear imágenes que complementan la historia del matrimonio.
En lugares como el Salar de Cahuil, además, el paisaje aporta algo que no se puede fabricar: autenticidad.
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Cada pareja es distinta. Cada paisaje también. Lo importante es que el momento se sienta verdadero.
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